Es claro que para el relevo del titular del poder ejecutivo en México solo hay de “dos sopas”
como se dice comúnmente, a pesar de que son tres los aspirantes a la presidencia de México
que hoy hacen campaña por partidos políticos o coaliciones electorales, y adicional,
también se encuentran los “tiradores” independientes, es importante recordar que solo existen
dos proyectos viables: continuidad o cambio.
La continuidad está muy representada –en exceso diría- con la candidata del presidente en funciones,
y no sobra decir que se esfuerza todos los días en hablar, actuar y pensar idéntico a él,
como si tratara de colocar en la mente de sus simpatizantes que la continuidad es de forma y fondo.
De igual manera, intentará confundir al electorado haciéndose pasar por un perfil sin “hilos”, preparado y digno de confianza.
Por otra parte, el aspirante del partido naranja, intentará atraer el voto opositor
con un discurso anti-oposición, pero sin ser parte de la continuidad, no al menos en el papel.
Es evidente que la encomienda recibida del habitante del Palacio Nacional, es restar a la oposición,
sin hacer daño a la representante de la continuidad.
Entender eso, explica porque sus misiles electorales están dirigidos a la representante del Frente Amplio
y no a la aspirante de la 4T.
En esta elección, particularmente, las y los ciudadanos libres debemos saber que nos enfrentamos
a la continuidad de mayor riesgo, pues no solo se trata de una vieja y poco exitosa visión de país distinta,
sino de una intentona de perpetuarse en el poder, un poder que ha intentado someter a los otros tres poderes
que son la base del estado mexicano; un poder que ha desgastado, desprestigiado e intentado suprimir
instituciones ciudadanas, de transparencia y de asistencia social con la única intensión de acumular
más poder y recursos económicos que son derrochados de la manera más opaca y discrecional.
Debemos considerar que la administración que terminará en el 2024 no acabará sus proyectos faraónicos,
ni el ten maya, ni la refinería, ni el aeropuerto; no dejará un gobierno más transparente,
ni sin menos corrupción, por el contario; este es un gobierno insensible, indolente e incapaz de estar
a la altura de las necesidades del pueblo de México, un gobierno que nos intenta, todos los días,
poner unos contra otros; esa continuidad es indeseable, peligrosa e inaceptable.
El cambio de rumbo es el acuerdo, la conciliación y la subsidiariedad sin distingos partidistas,
es la experiencia y valentía para asumir, en tiempo real, los compromisos con las y los ciudadanos
y dar soluciones, no excusas.
Es tener un pasado que enorgullece e impulsa; una trayectoria de ayuda a los más necesitados incluso antes de la vida pública; es conocer al país y al mundo cambiante y moderno; conocer y saber trabajar fuera del ámbito político o gubernamental.
Solo hay dos proyectos: cambiar el rumbo o alargar un gobierno de hipocresías, los demás serán
buenas intenciones o esquiroles del poder en turno. Ojalá recapaciten a tiempo, ojalá haya tiempo para ello y amor a México.
Facebook: Rafael Micalco Méndez
Twitter: @rafamicalco
Instagram: Rafael.micalco






