En el marco del catorce de febrero, en donde el cariño, el afecto, la satisfacción y la felicidad convergen sin un manual universal de cómo vivirlo, debemos de hablar del amor romántico como un producto cultural.
En donde la importancia de desmitificar el amor romántico radica en establecer relaciones sanas y equitativas.
Recordemos que en nuestra infancia siempre nos enseñaron en creer en la media naranja, en qué existe el príncipe azul, qué el amor todo lo puede todo, separarse es fracasar y que mejor hay que ceder, aguantar y soportar; todas y cada una de estas ideas se vienen arrastrando en un sistema tan patriarcal.
Si, nuestra vida y nuestras relaciones sentimentales no terminan como en los libros de princesas y cuentos de hadas, en donde veíamos en letras doradas “fueron felices para siempre”.
Debemos de comprender que las relaciones no se basan en tener un común acuerdo, y que si, en las relaciones se necesita una comunicación efectiva, empatía y confianza pero eso no significa que haya que perder el individualismo de cada persona, ya que como personas necesitamos un espacio propio que nos permita desarrollarnos como tal en sí mismas y no codependientes de otros.
Por ello mismo debemos de construir un amor libre del dogma del capital, de dejar de creer en las relaciones mercantiles y de rol, y más en función de profundizar sobre lo que entendemos de las diferentes formas de amar.







