En una empresa, antes de contratar a alguien para dirigir un área suelen revisar dónde estudió, qué experiencia tiene, qué resultados ha conseguido y si conoce el trabajo que le van a encomendar.
Para puestos de alto nivel hay entrevistas, pruebas, referencias y varias rondas de selección.
Una vez contratado, se espera que cumpla objetivos si no lo despiden.
En la política, el camino puede ser muy distinto. A veces el nombramiento llega por amistad,
por lealtad al grupo o porque alguien ayudó a ganar una elección.
El puesto se decide primero, después se averigua cómo desempeñarlo.
Ese es uno de los problemas. No es extraño ver a deportistas, cantantes, actores, locutores,
gente con precarios estudios o nulos, o figuras conocidas llegar a diputaciones y otros cargos públicos,
algunos pueden hacer un buen trabajo y otros no, su profesión de origen no los descalifica.
Lo que merece que pongamos atención es que la fama y el reconocimiento público
pueden pesar más que la experiencia necesaria para la responsabilidad que van a adquirir
y eso sí es preocupante.
En el H. Congreso de la Unión, han llegado figuras del deporte y del espectáculo
como documentó Expansión Política al revisar la integración legislativa de 2024.
La situación también se presenta en los municipios más pequeños. Pensemos en un pueblo donde todos conocen al dueño de la panadería, le tienen confianza y deciden votar por él.
Puede ganar la elección sin haber administrado antes una nómina, elaborado un presupuesto
o gestionado recursos públicos. La democracia le da derecho a competir y a nosotros a escogerlo,
pero ganar no le enseña por arte de magia los conocimientos para poder administrar un ayuntamiento.
No se trata de exigir que todos los gobernantes tengan una carrera universitaria ni de cerrar la puerta a quien viene de otra actividad, se trata de que antes de entregarles una responsabilidad exista un proceso serio de evaluar sus capacidades y de que, una vez en el cargo, cuenten con un equipo experto y capacitado que conozca las áreas que va a manejar.
La diferencia se puede notar cuando llegan las decisiones difíciles. Un funcionario sin experiencia puede aprobar una obra sin calcular cuánto costará mantenerla, contratar servicios sin revisar si el municipio podrá pagarlos o comprometer recursos en proyectos que terminan convertidos en elefantes blancos. La inauguración dura un día pero los gastos de operación pueden quedarse durante años.
La Auditoría Superior de la Federación encontró, en su revisión de la Cuenta Pública 2024, 142.5 millones de pesos pagados por obras terminadas que no estaban en operación en seis municipios. También reportó 27.9 millones de pesos pagados por obras que no se habían ejecutado en otros tres municipios. Son observaciones que deben aclararse, pero ilustran el costo de no vigilar adecuadamente cómo se planean, contratan y entregan los proyectos.
Por eso me parece interesante el caso de Orizaba, Veracruz. Durante la administración de Igor Fidel Rojí López se dio continuidad a una estrategia turística que venía de gobiernos anteriores: espacios culturales, atracciones, servicios y actividades que buscaban atraer visitantes y generar ingresos para el municipio. En mayo de 2020, el propio Rojí explicó a Alcaldes de México que las rentas de locales, el teleférico, los parquímetros y los baños municipales eran algunas de las fuentes de ingresos propios de la ciudad.
Tuve la oportunidad de coincidir con él en el 2023, en un “Foro de Finanzas Municipales” en la Ciudad de México donde me platicó que habían creado un parque de entretenimiento con temática medieval para los turistas que generaba recursos para su municipio, además, habían inaugurado recientemente su montaña rusa donde la gente se lanzaba desde una montaña en un carrito, el día de la apertura habían recaudado miles de pesos considerables. Con todo esto, me comentó que logró incrementar el presupuesto anual de Orizaba y poder invertir en más patrullas, más calles y más infraestructura que mejoraba la calidad de vida de sus ciudadanos, posicionando a su municipio como un caso de éxito al implementar su experiencia y conocimiento en empresas.
No todos los municipios pueden construir un teleférico o desarrollar un corredor turístico. La lección está en estudiar qué tiene cada localidad y cómo convertir sus posibilidades en oportunidades, sin iniciar proyectos solo por el gusto de anunciar una obra. Antes de invertir, hay que calcular cuánto costará, quién la utilizará, qué ingresos o beneficios producirá y quién pagará su mantenimiento.
En una empresa, los directivos contratan especialistas para que cada área funcione y toman decisiones con información sobre costos, riesgos y resultados. En el gobierno también hacen falta esos equipos, además de controles públicos y evaluaciones que no dependan de la amistad o del partido del funcionario. Y cuando alguien no cumple, la responsabilidad no debería desaparecer con el cambio de administración.
Cualquier persona puede llegar al gobierno, pero que haga buenos resultados exige algo más que fama o popularidad, también debe exigir preparación y decisiones que resistan la prueba más importante: que el dinero público sirva para resolver problemas de sus ciudadanos, ayude a mejorar su economía, su crecimiento, su desarrollo y tengan más oportunidades, y así, solo así, aumente su calidad de vida.














